Agustín Barrios Mangore, la biografía completa. Parte V
Parte 1, 2, 3, 4, 5
Parte 5
- De vuelta en América
- Los últimos años
De vuelta en el Nuevo Mundo
Barrios llegó a Caracas, Venezuela en Febrero de 1936 y poco tiempo después ya partió a Trinidad. No tocó muchos conciertos pero enseñaba, tenía un solo alumno: Robert Edgeworth Johnstone, quien dijo sobre Barrios en 1985, entre otras cosas:
“Pero Barrios obviamente no era un maestro. Uno tenía que sacarle de él la información viendo lo que hacía y luego preguntándole sobre eso. Solamente viéndolo uno aprendía muchas cosas, pero uno tenía que sacar de él cómo lo hacía porque en algunos casos él mismo no lo sabía. Era un interpéte un poco callado, no apuntaba a un gran volumen. No sé si era por su guitarra o por su técnica u otra cosa. Pero puedo decir que en aquel tiempo encontraba su forma de tocar muy satisfactoria. Si un buen empresario se hubiera hecho cargo de él, hubiera sido una figura mundial, no solo como intérprete, también como compositor. No era un hombre que se esforzara mucho por sus asuntos, pero estaba satisfecho con lo que tenía. No se quejaba de que no reconozcan su talento. No vi ni una clase de actitud negativa respecto a eso."
Aquí Johnstone se está refiriendo a una actitud típica de los paraguayos. Estar satisfecho con lo que uno tiene. Los paraguayos muy raramente se esfuerzan mucho por algún asunto, tienen que estar motivados por una gran necesidad, amigos o presión social. Eso es en forma general, luego por supuesto que hay excepciones.
Barrios era siempre "urgido" por sus amigos para hacer algo. Pellegrini lo animaba que vaya al extrangero a seguir su carrera, sus amigos en Buenos Aires le decían que tenía que ir a Montevideo, Pagola tuvo que encerrarlo en un cuarto para que escribiera sus composiciones. Esos son algunos ejemplos donde Barrios necesitaba una motivación especial para empezar a hacer algo. Eso no significa que no tuviera confianza en uno mismo, es solo la idiosincracia o forma de ser de muchos paraguayos: estar satisfecho con lo que se tiene, sea esto bueno o malo. Casi todas las personas que lo acuciaban o "urgían" a Barrios no eran paraguayos, esto hace más evidente aún mi punto.
En Agosto Barrios volvió a Venezuela. Tocó algunos conciertos pero no tuvo ni la mitad del éxito que tuvo la primera vez que estuvo allí cuatro años antes. En 1938 estaba nuevamente en La Habana, Cuba, donde escribió su Preludio Saudade, una de sus obras más bellas, y luego hizo que éste sea el primer movimiento de La Catedral.
Después de dejar Cuba, empezó a tener serios problemas económicos. Se quedó sin dinero y sin trabajo. Partió a Costa Rica, donde tenía un buen amigo quién le ofreció un lugar para hospedarse. Se quedó allí por un año. Su actividad se había reducido considerablemente durante este periodo, tocando muy pocos conciertos, probablemente debido a problemas de salud.
En Julio de 1939 partió a El Salvador, donde pudo arreglar la realización de varios conciertos. Más tarde se dirigió a Guatemala y México. En la ciudad de México sufrió un infarto. Después de esto, Barrios quedó muy debilitado y sin la fuerza y energía que siempre mostraba antes.
Volvió a El Salvador en 1940. El Presidente de El Salvador, Maximiliano Hernández Martínez, un gran admirador de Barrios, lo nombró Profesor de Guitarra en el Conservatorio Nacional, y le dio un cheque por 5000 colones. Esta fue, más que una oferta, una orden del Presidente.
Barrios finalmente se estableció permanentemente en un lugar, no su tierra natal, pero al menor un lugar donde era amado y admirado. Tocaba conciertos en pueblos de El Salvador, pero se dedicaba principalmente a enseñar. Con el tiempo sus alumnos también comenzaron a aparecer con él en los conciertos.
Barrios en sus últimos años
Los últimos años
En Marzo de 1944 Segovia visitó el Salvador para hacer un concierto. Los dos maestros se encontraron una vez más, en la pieza del hotel de Segovia. Ni una sola nota de guitarra se oyó, seguramente porque Barrios estaba en una mala condición física y Segovia sentía una cierta pena por su "rival", pobre y olvidado por el mundo en un país relativamente aislado. Segovia conocía su talento y sabía que merecía un mayor reconocimiento.
Quince años más tarde, Segovia declararía que "Barrios era un hombre que siempre intentó destruirse, pero que no podía porque era un genio."
Tuvieron un encuentro ameno y cordial, donde Segovia aprovechó la ocasión para dejarle de regalo cuerdas de tripa (una discreta crítica a sus cuerdas de acero).
Durante estos años el amor de Barrios por la guitarra no disminuyó, nunca lo hizo. Practicaba cuatro horas al día. En 1944 se encontraba enfermo y sabía que su fin estaba cerca. Pidió por un sacerdote y pronunció sus últimas palbras: "No temo al pasado, pero no se si podré superar el misterio de la noche."
Rodeado de sus amigos y su mujer, Barrios muere el 7 de Agosto de 1944. El sacerdote que lo atendió proclamó: "Esta es la primera vez que presencio la muerte de un Santo."
Una de las últimas fotografías tomadas a Barrios
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