Allá por el año 1685, uno de los más grandes músicos vio por primera vez la luz, en el pequeño pueblo de Eisenach.
El nombre Bach pertenecía a una familia de músicos, que lucharon por elevar el arte de la música. Por casi doscientos años hubieron organistas y compositores en la familia; el padre de Johann Sebastian, Johann Ambrosius Bach era organista de la iglesia luterana de Eisenach, y naturalmente un amor a la música estaba presente en el hogar. No es de extrañar que el pequeño Bach haya mostrado un gusto por la música desde la infancia. Sin embargo, aparte de haber aprendido a tocar el violín de su padre, sus estudios no habían avanzado mucho, cuando inesperadamente, a la edad de diez años perdió a ambos padres y fue a vivir con su hermano Christoph, catorce años mayor que él, un respetado músico y organista de una ciudad vecina. Lo que su hermano Chrispoth esperaba de él no era mucho, pensaba darle algunas lecciones de teclado, y mandarlo al liceo a estudiar latín, canto y otras materias. Parecía no comprender la genialidad de su pequeño hermano, o si lo hizo, reprimió al niño con indiferencia y dureza.

Dieterich Buxtehude, uno de los maestros que más influenció la música de Bach
Esta injusticia hizo que Johann se determinara conseguir el preciado libro a cualquier precio. Una noche de luna llena, mucho después de que todos se hayan ido a descansar, decidió poner en marcha un proyecto que venía planeando desde hace tiempo.
Arranstrándose silenciosamente a través de las escaleras llegó hasta el cajón y buscó el preciado volumen. Allí estaba con los nombres de varios músicos escritos en la parte de atrás con la letra de su hermano.
Cuando al fin el libro estuvo en sus manos, lo apretó en su pecho y se apuró en volver a su cuarto. Colocando el libro sobre una mesa al lado de la ventana, donde la luz de la luna iluminaba, tomó pluma y papel y comenzó a copiar la música del libro.
Esto era solo el comienzo de su arduo trabajo. Por seis meses, cuando la luna iluminaba su cuarto, Johann estaba en la ventana haciendo su tarea con gran pasión y diligencia.
Finalmente lo completó, y Johann, con la alegría de tenerlo finalmente, se fue a la cama sin la precaución de esconder todos los rastros de su trabajo. El pobre niño tendría que pagar por su descuido. Mientras dormía, Christoph, pensando que había oído sonidos en el cuarto de su hermano, fue a buscar la causa. Al entrar su mirada cayó sobre los libros abiertos. No había pena en su corazón por todo el trabajo, solo enojo por el engaño de su hermano. Tomó ambos libros y los llevó para esconderlos en un lugar en donde Johann no pudiera encontrarlos jamás. Pero no pensó que el niño tenía toda esta hermosa música impresa en su memoria, lo que le ayudó a superar la descepción de haber perdido todo su trabajo.
Cuando tuvo quince años dejó a su hermano e ingresó a la escuela de Latín conectada con la iglesia de San Miguel en Lunenburg. Descubrieron que tenía una hermosa voz soprano, lo que le permitió estar entre los alumnos que eran elegidos para cantar en los servicios de la iglesia a cambio de una educación gratuita. La iglesia tenía dos escuelas en Lunenberg, y la rivalidad entre ellas era tan fuerte, que cuando los alumnos salían a cantar por las calles en invierno para recaudar dinero, las rutas de cada una tenía que ser cuidadosamente marcada para prevenir cualquier choque.
Poco después de haber entrado a San Miguel, Bach perdió su voz soprano; sin embargo, su conocimiento del violín y teclado le permitieron mantener su lugar en la escuela. Trabajó duro en sus estudios, dedicando su tiempo libre al estudio de los grandes compositores. Se fue dando cuenta que le gustaba el órgano más que cualquier otro instrumento; su gusto se volvió una pasión. Era demasiado pobre para tomar lecciones, pero estaba determinado a crecer en el conocimiento de la música que tanto amaba.
Uno de los grandes organistas de la época era Johann Adam Reinken. Cuando Bach se enteró de que este gran maestro tocaría el órgano en la iglesia de Santa Catalina en Hamburg, decidió caminar toda la distancia para poder oírlo. Hamburg era llamada en esos días "El Paraíso de la música alemana", y estaba a veintiún millas del pequeño pueblo de Lunenburg. Ese obstáculo no le importó al determinado joven.
La gran alegía de haver escuchado a un gran maestro lo hizo olvidar todos los obstáculos y contratiempos, y lo hizo repetir el viaje en cualquier ocasión que pudiera pagar por comida y alogamiento.
Después de vivir tres años en Lunenburg, Bach aseguró un puesto como violinista en la banda privada del príncipe Johann Ernst de Saxe-Weimar; pero esto era solo para esperar a conseguir un lugar en donde pudiera tocar le instrumento que tanto amaba. Esa oportunidad no se hizo esperar. El antiguo pueblo Arnstadt tenía una nueva iglesia y un gran órgano. El cosejo de la iglesia estaba buscando a un organista capaz y la petición de Bach de que le permitan probar el órgano fue concedida rápidamente.
Ni bien lo oyeron tocar le ofrecieron el puesto, con la promesa de aumentarle el salario por contribuciones de fondos de la ciudad. Bach entonces se encontraba con la edad de dieciocho años como organista con un salario de cincuenta florines y treinta thalers, además de alogamiento. El 14 de Agosto de 1703, el joven organista comenzó sus deberes, prometiendo solemnemente a cumplir fiel y diligentemente todos los requerimientos.
Los requerimientos del puesto afortunadamente le dejaban mucho tiempo libre para estudiar. Hasta esta época no había hecho mucho en composición, pero se había decidido a estudiar profundamente el arte de la composición.
Lo primero que hizo es tomar un número de conciertos de Vivaldi escritos para el violín, y los transpuso al clave. De esta manera aprendió a expresarse y poner sus pensamientos en le papel sin la necesidad de tocarlos en un instrumento. Trabajó de esta manera solo, sin la ayuda de nadie, y muchas veces estudiaba hasta avanzada la noche para perfeccionarse.
Desde el principìo, su forma de tocar el órgano despertaba admiración, pero su temperamente artístico se volvía contra él. Ni bien el joven entusiasta estaba sentado al órgano conduciendo la música de la iglesia se olvidaba que el coro y la congregación dependían de él y comenzaba a improvisar de tal manera que el canto se tenía que detener completamente, mientras la gente oía con silenciosa admiración. Por supuesto hubieron varios enfrentamientos entre el nuevo organista y los miembros del consejo de la iglesia, pero en las mayorías de la veces le perdonaban estos exabruptos por su gran genialidad.
Tendría que enfrentar un juicio por parte del consejo. Cierta vez pidió permiso para estar ausente por un mes, para poder visitar Lubeck, donde el gran Buxtehude tocaría el órgano durante el adviento. Lubeck se encontrba a cincuenta millas de Arnstadt, pero el valiente joven hizo el viaje a pie. Disfrutó tanto la música en Lubeck que se olvidó de su promesa de volver en un mes y se quedó allí por tres. Cuando sus bolsillos estaban vacíos, pensó por primera vez en volver a su puesto. Por supuesto que hubieron problemas al volver, pero las autoridades volvieron a aceptarlo a pesar de todo, debido a la estima que le tenían, mejor dicho por sus dones.
Bach pronto comenzó a pensar que Arnstadt era demasiado pequeña y cerrad para sus grandes deseos. Además, su fama estaba creciendo en las ciudades vecinas. Cuando le fue ofrecido el puesto de organista en Mulhausen, cerca de Eisenach, lo aceptó inmediatamente. Le consedieron el honor de elegir su salario. Hubiera podido pedir una gran suma, pero solo pudió lo mismo que recibía en Arnstadt con la adición de ciertos artículos de comida.
La situación de Bach mejoró considerablemente, y ya pensaba en hacerse su propia casa. Se había enamorado de una prima, Maria Barbara, y se casaron el 17 de Octubre de 1707.
El joven organista vivió en Mulhausen solo por un año, porque recibió una oferta más generosa. Fue invitado a tocar para el Duque Wilhelm Ernst de Weimar, y aceptó la oferta pensando que podría conducirlo a un puesto en la Corte. Y no se desepcionó, el Duque estaba tan encantado con Bach que le ofreció inmediatamente el puesto de organista de la Corte.

El órgano de Weimar
Algo nuevo se abrió para Bach, quien durante toda su vida había luchado contra la pobreza y privación. Ahora podía dedicar mucho más tiempo a la composición, y comenzó a escribir aquellas composiciones que lo colocan en lo más alto del templo de la música.
En su cómodo hogar en Weimar, el músico tenía el silencio y tiempo que necesitaba para perfeccionar su arte, no solo en la composición, sino también en le ejecución del órgano y el clave. Sentía que había superado todas las dificultades de ambos instrumentos, y un día presumió a un amigo que podía tocar cualquier pieza, sin importar lo difícil, a primera vista, sin ningún error. El amigo lo invitó a probar esta proposición. Sobre el teclado estaban varias piezas musicales, una de las cuales, aparentemente fácil, era realmente difícil. Su amigo abandonó el cuarto para preparar la comida, mientra Bach comenzaba a tocar la música. Todo iba bien hasta que llegó a la pieza difícil, comenzó seguro pero empezó a trastabillar por la mitad. No mejoraba luego de varios intentos. Cuando su amigo volvió, trayendo la comida, Bach exclamó: "Estabas en lo cierto. No se puede tocar todo a primera vista, es imposible!"
El Duque Wilhelm Ernst, en 1714, lo promovió a la posición de Maestro de Conceirto, una posición que ofrecía más privilegios. Cada otoño, durante sus vacaciones anuales, viajaba por las principales ciudades dando conciertos de órgano y clave. De esta forma ganó gran reputación como intérprete y compositor.
En uno de esos viajes llegó a Dresden, donde escuchó sobre un gran organista y clavecinista francés que recién había llegado a la ciudad. Louis Marchand tenía buena reputación en Francia, donde era el organista del rey en Versailles, y era visto como uno de los músicos más importantes.
Los amigos de Bach le sugirieron que desafiara a Marchand a un encuentro musical, para defender el honor de la nación alemana. Los dos músicos aceptaron; el rey prometió asistir.
El día del desafío llegó; una gran multitud estaba reunida. Bach apareció y estaba listo, pero su adversario nunca llegó. Luego de un largo atraso se dio a conocer que Marchand había abandonado la ciudad.
En 1717, luego de volver de Dresden, Bach fue nombrado Capellmeister del joven príncipe Leopold de Anhalt-Cothen. El príncipe era un entusiasta amante de la música, y en Cothen Bach tuvo una vida feliz y ocupada. El príncipe frecuentemente viajaba a diferentes ciudades para satisfacer su gusto musical, y siempre llevaba a Bach consigo. En uno de estos viajes no le fue posible recibir la noticia de que su esposa había fallecido, y que fue enterrada antes de que pudiera volver a Cothen. Esto fue un duro golpe para la familia.
Un año y algunos meses después, Bach se volvió a casar, con Anna Magdalena Wulkens, quien era perfecta para un músico como él, y fue ella quien compuso muchas de las hermosas danzas que hoy disfrutamos. También escribió libros de estudios para su esposa e hijos, muchos de los cuales se volverían grandes músicos y compositores.
Probablemente ningún otro hombre ha vivido una vida más ocupada, y también tan silenciosa. Cuando no estaba interpretando el órgano, componiendo o enseñando, se encontraría grabando música en cobre, un trabajo que se valoraba mucho en la época. O tal vez ayudando a fabricar alguna clase de instrumento musical. Al menos dos de su propia invención son conocidos.
Bach comenzó a pensar que su puesto en Cothen, en donde tenía tiempo libre para dedicarse a otras cosas, no le daba un buen ambiente para desarrollar su arte. El Príncipe se había casado, y ya no le interesaba la música como antes.
Una oportunidad se presentó para mudarse, fue nombrado director musical de las iglesias de Santo Tomás y San Nicolás en Leipzig. Aquí Bach entra en el último periodo de su carrera, porque se mantuvo en su puesto en Leipzig durante el resto de su vida. Trabajó incesablemente, a pesar de los obstáculos y restricciones, para entrenar a niños y mejorar el estándar musical, los coros de ambas iglesias eran formados por alumnos de la escuela de Santo Tomás.
Durante los veintisiete años que Bach vivió en Leipzig, compuso algunas de sus mejores obras, las pasiones según San Mateo y San Juan, y la Misa en Si Menor. Fue la Pasión según San Mateo la obra que Mendelssohn, cien años después redescubrió, estudió con dedicación y presentó en Berlín, con mucho éxito.

Una estatua de Bach en Leipzig
Bach siempre prefirió una vida silenciosa; la simplicidad siempre fue su principal característica. Siempre fue muy religioso; sus grandes obras resaltan sus nobles sentimientos de exaltación.

Las ciudades en donde vivió Bach
La modestia de Bach es ilustrada por el siguiente incidente. Carl Philip Emmanuel, su tercer hijo, era clavecinista de la orquesta Real de Federico el Grande. El Rey era un amante de la música y tocaba la flauta. Varias veces había enviado mensajes a Bach a través de Carl Philip, diciéndo de que le gustaría conocerlo. Pero Bach, dedicado intensamente a su trabajo, siempre había ignorado sus pedidos, hasta que recibió una orden, la cual no podía ser desobedecida. Entonces emprendió rumbo a Postdam, junto con su hijo Friedmann.
El rey estaba por empezar la música de la tarde cuando le avisaron que Bach había llegado. Con una sonrisa les dijo a sus músicos: "Caballeros, el viejo Bach ha llegado." Bach fue llevado junto al rey inmediatamente, sin tiempo para cambiarse su ropa de viaje. Su Majestad lo recibió con amabilidad y respeto, y lo guió a través del palacio, donde debía probar algunos pianofortes fabricados por Silbermann. Bach improvisó en cada uno de ellos. El rey le dió un tema el cual trató como una fantasía, para el asombro de todos. Frederick entonces le pidió que tocara una fuga a seis partes, y Bach improvisó una sobre un tema propio. El Rey aplaudió exclamando una y otra vez: "Solo un Bach! Solo un Bach!" Fue una gran tarde para el maestro.

El famoso retrato mostrándolo a mediana edad
Bach se fue volviendo ciego, y el famoso oftalmólogo inglés John Taylor (quien había operado sin éxito a Handel) lo operó a Bach en una visita a Leipzig en 1750. Bach muere el 28 de Julio de 1750 a la edad de 65 años. Un periódico contemporáneo reporta que la causa de la muerta fue "de las desafortunadas concecuencias de la operación de la vista". La mañana que fallecía, el 28 de Julio, momentáneamente recuperó su vista. Unas horas más tarde perdió la conciencia y se sumió en el sueño.
Bach fue enterrada en el cementerio de San Juan en Leipzig, pero no existe ninguna marca de su lugar de descanso. Solo la biblioteca local recuenta que Johann Sebastian Bach, Director musical de la Escuala de Santo Tomás, fue enterrado el 30 de Julio de 1750.
Pero su recuerdo quedó grabado, su fama es inmoratal y el amor que su hermosa música inspira va creciendo año tras año, donde quira que la música es conocida.
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